Concepto del propósito aplicado a la fobia social

Es aquí donde entra en juego lo que denomino propósito, pero que también podríamos llamar pasión, gran objetivo, camino en la vida. Eso no es más de lo que un fóbico social haría cuando no tuviese esos miedos, cuando no tuviese ese problema. En mi caso personal, tenía muy claro que quería triunfar sobre los escenarios, fantaseaba con las estrellas del rock, con los grandes motivadores, los grandes oradores, pero claro, tenía una serie de cosas en mi vida que no me permitían que esto funcionase.

Con lo cual tuve que renunciar a diferentes cosas como la ingeniería, que estudiaba en su momento, la cambié y vine a estudiar psicología, para comprender lo que era la comunicación y lo que era el ser humano en general. Dejé de estudiar en una ciudad determinada, vine a otra, y empecé sobre todo a buscar retos y situaciones en las cuales pudiese probarme, y pudiese manejar esos nervios, empezar a aprender sobre ellos, a curiosear y a mejorar mi conducta en diferentes situaciones.

Establecer una senda propia es fundamental.

Esto quiere decir que inicié un proceso en mi vida. Y a nivel diario, en una persona con fobia social, esto tiene un cambio metafórico muy grande. Diariamente, me despertaba, o una persona con fobia social se despierta, y lo que busca es saber en qué situaciones del día voy a poder ser evaluado, por ejemplo, que el profesor me haga participar en clase, que tenga un examen oral, que me encuentre con un amiga, que tenga que caminar por una calle transitada, y voy a intentar, primero, no ponerme nervioso, y segundo, que los demás no lo sepan.

Claro, el resultado de esta situación va decir quién soy como persona, si me pongo nervioso hablando en público, seré alguien ridículo, seré un fracasado, seré una persona digna de que todo el mundo le deje de lado. Pero, si consigo poner ese gran objetivo más allá de mi vida diaria, bloqueo lo que antes eran los fines de mi vida, estas situaciones a nivel diario, ahora pasan a ser medios para llegar a un fin mayor. Qué ocurre cuando hago que estas situaciones sean medios, que las instrumentalice, que hago que se dinamicen, que no sean juicios tajantes de quién soy yo como persona, sino oportunidades de analizar, de observar y de modificar mi conducta, mis pensamientos, mis emociones, de cara a hacerlo mejor en una siguiente oportunidad.

Y es aquí donde, el propósito, el gran objetivo nos lleva a un concepto que es básico en todo este proceso, que es la curiosidad. Evidentemente, cuando inicio un proceso, voy a sentirme mal en muchas situaciones, porque aprender a hablar en público, a comunicarse, a todo tipo de interacción social, necesita de fracasos, necesita de fallos, necesita de acomodación al contexto. Y entonces, cuando fallamos, podríamos decir bueno, he fallado hablando en público, soy alguien que es un fracasado, otra vez soy alguien ridículo.

Importancia del ensayo y error.

Pero la experiencia es lo que marca la diferencia entre que algo sea un fracaso, a que realicemos un aprendizaje. Es decir, alguien puede acercarse a entablar una conversación en una discoteca con una chica que le gusta mucho, sentir una gran ansiedad, y quedarse en blanco sin saber qué decir. Uno puede estar horas sintiendo vergüenza por lo que esa chica haya pensado de él, pero también puede darse cuenta de que para que no vuelva a pasarle es una buena idea memorizar una lista de temas de conversación para evitar que le vuelva a pasar.

Quizá la próxima vez, esa misma persona puede conocer a una chica, y gracias a ese guión que memorizó, entablar una conversación que establezca una conexión, y sea el principio de una relación de pareja. Esta relación de pareja no existiría si esa vez anterior en la que fracasó, no se hubiese atrevido a dar el paso de acercarse a conocerla, o tampoco existiría si esa primera vez no se hubiese quedado en blanco sin saber qué decir. Muchas veces el sufrimiento puede ser una gran maestro, pero para eso hay que estar dispuesto a ver los fracasos y dificultades como posibilidades para mejorar.

Leave a Reply