Los factores involucrados en la fobia social

El hipocampo es una zona profunda del cerebro que parece estar relacionada con los procesos de ansiedad. Parece tener la función de atribuir sentido a la información procedente del entorno y de determinar la respuesta conductual consecuente. Un desequilibrio en su funcionamiento puede causar, por tanto, una reacción de alarma o defensa desproporcionada a la situación. La corteza prefrontal, en particular la corteza orbital derecha, parece ser la responsable de la susceptibilidad al juicio que pone al sujeto en un estado de alarma constante.

Por el contrario, la estimulación de las áreas caudales ventrolaterales del PAG puede llevar a una postura de espera inmóvil y relajada conocida como quiescencia, mientras que su inhibición conduce a un aumento de la actividad motora.

Es evidente, por lo tanto, que en la base del comportamiento defensivo existen mecanismos y respuestas generadas por un circuito cerebral que involucra la corteza ventromedial prefrontal, el hipocampo, la amígdala y el gris periacueductal. En el centro de este sistema cerebral se encuentra la amígdala, que participa en el aprendizaje y la coordinación de respuestas condicionadas.

 

La amígdala, al participar en procesos de recuperación y erradicación de recuerdos traumáticos, puede promover la aparición de reacciones de alarma de forma espontánea e incluso irracional. De hecho, las personas que sufren de fobia social son muy fáciles de recordar los eventos relacionados con el miedo. El papel clave del hipocampo en el comportamiento defensivo está respaldado por numerosos hallazgos  y también está respaldado por la evidencia de que los efectos ansiolíticos de las benzodiacepinas están mediados por una otra región importante en los mecanismos defensivos es el PAG que, activado por estímulos amenazantes o sensaciones de peligro intenso, puede dar lugar a reacciones conductuales intensas de congelación de las reacciones de lucha/entrada.

Factores Genéticos

Los estudios muestran que la genética juega un papel importante en la determinación de la fobia social y que, por lo tanto, existe una estrecha correlación entre el trastorno y los factores genéticos. Numerosas investigaciones, realizadas con los sistemas de diagnóstico actuales, han demostrado que los miembros de la familia de los pcs con fobia social tienen un mayor riesgo de presentar síntomas específicos como ansiedad, fobias e inhibición social a lo largo de su vida.

 

Con el fin de comprender mejor el mecanismo de transmisión genética de la fobia social, se han llevado a cabo estudios familiares y estudios sobre gemelos y niños adoptados. Los estudios han demostrado que existe un riesgo de presentar fobia social tres veces mayor en las familias de los sujetos con el trastorno que en otras pero, sin embargo, la influencia de la familiaridad se considera moderada ya que las estimaciones de prevalencia están contenidas y esto sugiere la importancia de otros factores en el desarrollo del trastorno. Además, dado que los valores de prevalencia son más altos en los hermanos (25%) que en los padres (3%), parece haber una mayor probabilidad de transmisión autosómica recesiva que en uno dominante.

Algunos estudios realizados en gemelos y niños adoptados han demostrado la presencia de herencia de la enfermedad entre el 20% y el 50% de los casos, demostrando así que entre un cuarto y la mitad de la predisposición a la enfermedad puede tener una base genética. Diferentemente, los estudios sobre gemelos homocigóticos separados al nacer muestran que los rasgos genéticos no son absolutamente decisivos. Es decir, que sujetos con un patrimonio genético idéntico han desarrollado la enfermedad a diferentes niveles o no. No lo desarrollaron en absoluto. Sin embargo, se ha demostrado estadísticamente una mayor frecuencia en el desarrollo de la fobia social entre los parientes de primer grado.

Factores familiares

Otro elemento que puede ser crucial en la génesis de la ansiedad social es el contexto familiar en el que nace y crece el sujeto, en particular las relaciones de apego precoz, los estilos educativos de los padres y el clima emocional. Refiriéndose a los principales teóricos del apego como, podemos decir con certeza que el apego entre padres, y en particular la madre, y el niño fomenta la confianza en sí mismo y en los demás, facilita la apertura social, permitiendo el desarrollo de habilidades interpersonales efectivas. Por el contrario, un apego inseguro y ansioso alimenta la inseguridad, la desconfianza, la inhibición social y otros problemas relacionales.

Específicamente, una actitud paterna de crítica, rechazo y devaluación o de sobreprotección y sobre control puede generar en el sujeto sentimientos de insuficiencia y escaso valor personal y una visión de los demás como sentenciosos y rechazadores, especialmente en los casos en que son injertados sobre una base biológica de inhibición y timidez.

De hecho, algunos pacientes con fobia social reportan haber sufrido, a una edad temprana, rechazo o persecución involuntaria por parte de uno o ambos padres o modelos educativos sobreprotectores o sobre autoritarios, elementos que podrían haber afectado negativamente su autoestima, incluso para el resto de sus vidas. La posterior marginación durante la primera adolescencia también podría haber contribuido a la cronicidad del trastorno.

 

Factores Sociales

El contexto social puede afectar el desarrollo del trastorno basado en modelos culturales y conductas socialmente aceptadas. En una empresa, ciertos comportamientos pueden ser tolerados o incluso requeridos, mientras que en otra pueden ser considerados adecuados o incluso inaceptables y, por lo tanto, conducir a la marginación. Por lo tanto, siempre es un factor relativo, pero sin duda es decisivo.

Las experiencias sociales traumáticas como el rechazo, la burla, la intimidación, la humillación y la intimidación en general pueden confirmar los propios temores y, por lo tanto, conducir a la aparición, agravamiento o cronización de la fobia social. Este factor sería la base para la diferente prevalencia del trastorno en los diferentes países. Por lo tanto, el entorno familiar y social en que usted vive puede o no ser capaz de determinar la ocurrencia de fobia social, mientras permanece biológicamente predispuesta en el individuo.

 

Factores cognitivos y conductuales

Puesto que estamos hablando de una fobia, es decir, de un miedo irracional, es evidente que los factores cognitivos, es decir, las distorsiones en el procesamiento y la recopilación de información que tienden a centrar la atención en los posibles seguidores de amenazas, están tomando el relevo. Tres modelos diferentes contribuyen al desarrollo de los servicios financieros: acondicionamiento directo, acondicionamiento indirecto y transmisión de información.

El condicionamiento directo se encuentra en individuos ansiosos en los que uno o más eventos traumáticos (ser humillado o criticado, por ejemplo) determinan una respuesta de alarma, miedo y miedo. Sin embargo, es esencial aclarar que el evento traumático no tiene que ser necesariamente significativo o sustancial, ya que, a menudo, en temas sensibles, una serie de pequeños eventos son suficientes para causar microtraumas. Estas experiencias negativas, cuyo efecto es acumulativo, participan en el condicionamiento del sujeto y por lo tanto contribuyen a la génesis de la incomodidad.

El condicionamiento indirecto ocurre, en cambio, a través del llamado aprendizaje observacional en el que es suficiente observar a alguien que muestra incomodidad en una situación particular para ser influenciado por ella. Este tipo de condicionamiento se encuentra principalmente en el contexto familiar en el que el sujeto, ya predispuesto, se identifica con la persona ansiosa, hasta el punto de emular y luego aprender comportamientos fóbicos.

Por último, está la transmisión de información, que también se encuentra frecuentemente dentro de la familia. En este caso, el mecanismo subyacente es la transferencia verbal, a través de críticas o comentarios despectivos, de las manifestaciones de ansiedad o miedo que sufre e interioriza el sujeto, quien a su vez mostrará el trastorno.

 

Otra hipótesis más equilibrada es que la vulnerabilidad a la Fobia Social se adquiere a través de la genética, y que posteriormente es necesaria la intervención de factores ambientales estresantes para determinar el trastorno. Además, es concebible que haya también una mayor sensibilidad al condicionamiento directo e indirecto y a la transferencia de información.

Teniendo en cuenta que el funcionamiento biopsicosocial de cada individuo es particularmente complejo, los factores antes mencionados no deben considerarse causas reales, sino factores de riesgo que, en caso de estar presentes, aumentan la probabilidad de que se produzca el trastorno. Conocer estos factores es muy útil para el tratamiento, para entender mejor cómo la persona desarrolló el trastorno y así facilitar su resolución.

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