El vacío existencial

En este artículo deseo expresar una sensación que tuve durante muchos años, y que tienen la mayoría de personas con fobia social. Esa sensación es un sentimiento que podríamos llamar como vacío existencial, y es el sentimiento de falta de control y de profunda insatisfacción respecto a la vida que uno está viviendo. No es muy complicado encontrar a personas que se sientan perdidas en la vida, sin rumbo, sin objetivos, y sobre todo, sin esperanza y sin ilusiones. Es evidente que la fobia social genera todo un rango de emociones negativas entremezcladas, hasta el punto de que es difícil saber donde termina una emoción y empieza la siguiente. Algunos sentimientos que podría poner como ejemplo son la tristeza, la depresión, la baja autoestima, la frustración, la culpa, la rabia, la falta de ilusión, e incluso la falta de felicidad. Así es como me sentí yo durante muchos años, y así es como se sienten muchas personas que tienen este trastorno.

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Si tú también te sientes de ese modo, debes entender algo fundamental, y que creo que aunque puede padecer contradictorio, es así. Muchas veces necesitamos ese tipo de sensación,  ese vacío existencial, y ese dolor emocional para que suceda algo mágico. Y eso mágico, es simplemente el hecho de que a veces, hay que tocar fondo, hay que derrumbarse, sentir una sensación absoluta de desconsuelo y tristeza; porque es el único modo de que la persona, en lo más profundo de sí, diga: Basta. No puedo más. No quiero vivir ni un solo día así. Voy a superar este problema y a hacerme cargo de mi vida cueste lo que cueste. Es decir, a veces, el dolor emocional, cuando es muy fuerte, puede convertirse en la mecha del cambio, en la gota que colma el vaso, y que nos empuja a hacernos cargo de nuestra propia vida.

En mi caso, tuve que reconocer la magnitud de mi dolor emocional y espiritual, de mi insatiscacción, de mi frustración, mi culpa, etcétera.

 

Lo que sucede muchas veces en la vida, es que hay determinadas cosas, que pueden llevarnos a conseguir cosas que serían imposibles de conseguir de ningún otro modo. Yo durante muchos años estuve intentando superar mi fobia social, hasta el punto de ir a dos psicólogos, y si no lo conseguí es por falta de valor. Fue ese dolor emocional extremo, el que me empujó a tener el valor que antes no había tenido. Me refiero al valor de enfrentarme a todas aquellas cosas que me daban miedo. Estaba aterrorizado en todas las situaciones sociales que no me eran familiares o no encajaban en “mi ambiente”, pero mi deseo y necesidad de superar mi fobia social, fue tan tan fuerte, que incluso fue más fuerte que esos miedos que hasta entonces me paralizaban.

 

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Hay una pregunta que quiero que te hagas, pero que no quiero que respondas. Simplemente tómate unos días para pensar la respuesta, y sobre todo, para que esa respuesta sea LA VERDAD.

Vamos allá, esta es la pregunta: ¿Estoy dispuesto a pagar el precio de la curación? ¿Estoy dispuesto a exponerme al rechazo, a la burla, al “qué van a pensar de mí”, a hacer el ridículo? Si la respuesta es que no, eso significa que no estás dispuesto a pagar el precio de la curación. Porque el precio de la curación es estar dispuesto a salir de tu zona de confort, y enfrentarte a todo aquello que te da miedo, a la posibilidad de ser rechazado. Si el dolor emocional y espiritual que la fobia social ha causado en tu vida, es realmente grande, vas a estar dispuesto a pagar el precio de la curación; pues ese sufrimiento, ese vacío existencial, es peor que el peor de los rechazos.

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Pero quizá el sufrimiento que está causando la fobia social en tu vida, todavía no es suficiente, quizá todavía no es tu momento de tocar fondo. Pero creo que no es bueno que todavía no te haya llegado ese momento de tocar fondo. Mi opinión es que cuanto antes te llegue ese momento, mucho mejor. Porque para algunas personas, ese momento llega antes de los 30; para otras, llega ya en los 40; y para otras pasados los 50 años.

 

El problema es que para muchas personas, ese momento, llega tarde. LLega tarde porque ya son demasiado viejos o viejas para poder atraer físicamente a alguien y encontrar pareja, porque ya son demasiado viejos para tener hijos, para hacer amigos con quienes divertirse. Obviamente, a cualquier edad se pueden hacer amigos,. Pero no es lo mismo lo que haces con los amigos a los 20 años, que a los 40. Y tampoco es lo mismo lo que haces a los 40 que a los 60. Todavía estás a tiempo de cambiar tu vida.

 

Lógicamente esta página la leen personas de cualquier edad, pero si tú todavía no has llegado a los 30 años y la fobia social te está causando un profundo dolor emocional y vacío existencia, te aseguro que como no actúes ya, pronto o tarde vendrá este lamento a tu cabeza. ¿Por qué? ¿Por qué no tuve el valor de cambiar. de enfrentarme a mis miedos, de luchar, de tomar las riendas de mi vida? Y será ese lamento, ese lamento que en algunos casos se produce ya a las puestas de la muerte, el que será profundamente más doloroso que el peor de los rechazos.

 

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