La evitación experiencial

La evitación experiencial es cuando, a partir de la interpretación catastrófica de lo que nos está ocurriendo, nos empezamos a llenar de miedos y a eprendemos mecanismos encaminados a evitar sentir elevados niveles de ansiedad. Este mecanismo es un mecanismo de evitación de modo que se evita todas aquellas situaciones que a uno de generan un elevado nivel de ansiedad. Cuando tenemos pensamientos negativos, empezamos a tomar por realidad esos pensamientos, emociones y sensaciones, sin cuestionarnos si realmente son racionales o no. Uno desarrolla mecanismos de modo que vivimos evitando a su vez todas aquellas experiencias que nos expongan a eso que nos da tanto temor o nos genera tanta ansiedad.

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Como seres humanos tendemos a evitar este tipo de cosas debido básicamente a que somos seres lingüísticos; hablamos, tenemos lenguaje y ese lenguaje nos permite crear construcciones mentales en palabras, es decir, historias sobre lo que puede suceder si hacemos tal o cual cosa. La evitación experiencial está presente en las personas con fobia social, puesto que evitan aquellas situaciones que les generan esa ansiedad tan extrema.

Un pequeño detallito nos puede recordar algo que nos da temor, puede venir a la mente en cualquier momento, y de repente nos empezamos a poner nerviosos y a tener ansiedad, empezamos a evitar hacer cosas (a pesar de que muchas veces son cosas que queremos hacer) sin saber por qué. Un ejemplo claro es el hecho de cuando a un joven en una discoteca le gusta una chica, y le gustaría acercarse a hablar con ella y conocerla. Si embargo el miedo al rechazo y a los elevados niveles de ansiedad, hacen que uno evite esa experiencia, con lo cual nunca se acercará a conocer una chica, lo que a su vez hará que tenga muy difícil poder encontrar pareja.

 

Si por ejemplo le tienes miedo a un perro porque te mordió, y resulta que tenía manchas blancas con negro, un día puedes estar en un paseo campestre, ver una vaca, y algo de su color te empieza a desconcertar. En realidad tu mente empieza a hacer una asociación tan arbitraria como que es el color es parecido al del perro y puede que tenga que ver con eso que te hizo daño.

Los animales no funcionan de esa manera, es decir, no establecen ese tipo de asociaciones de lenguaje. Nosotros sí podemos establecer cualquier relación que se pueda imaginar (de causa, tiempo, diferencia, similitud, contraste).

Las asociaciones mentales

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Imagina que un día estáis viendo la salida del sol en la playa y te enteras en ese momento que un ser querido tuyo ha fallecido. La salida del sol siempre te producía alegría, pero ahí piensas que es una pena que esa salida del sol nunca lo va a poder ver esa persona. A partir de ese momento, cada vez que ves una salida del sol, sientes tristeza y no sabes por qué. Eso es lo que llamamos asociaciones mentales negativas.

 

Además, si en ese momento pasa un heladero de esos que hacen sonar una corneta para que las personas sepan que están llegando, ese sonido a lo mejor se te graba como un gatillo de ansiedad. Un día puedes estar en tu trabajo y escuchas un heladero, lo cual te produce una sensación extraña debido a esa experiencia pasada.

 

Todas esas vinculaciones del lenguaje que establecemos como seres humanos, son nuestra mayor bendición para crecer y es lo que nos ha permitido sacar conclusiones, evaluar, suponer e inferir información que nos han llevado a crear cosas espectaculares, pero al mismo tiempo es lo que nos atrapa en el pasado y el futuro. Estamos a veces pensando en lo que pasó y lo sentimos como si estuviera presente, o empezamos a rumiar sobre cosas que creemos que van a pasar y nos ponemos ansiosos; establecemos asociaciones y suposiciones que nos hacen vivir tensos, preocupados y estresados, y es ahí que viene la evitación experiencial. Lee la segunda parte del artículo aquí.

 

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